El debate sobre la ampliación del aeropuerto de Barcelona lleva décadas sobre la mesa, pero este septiembre ha vivido una semana intensa. El Consejo de Ministros aprobó el DORA III —el Documento de Regulación Aeroportuaria que marca las inversiones de Aena entre 2027 y 2031— y su contenido lo dejó claro: el alargamiento de la pista próxima al mar, y la construcción de la nueva terminal satélite T1S quedan fuera de este periodo y se trasladan al siguiente ciclo inversor, entre 2032 y 2036.
Qué contempla el DORA III para El Prat
El nuevo plan aeroportuario destina 1.765 millones de euros al aeropuerto durante ese quinquenio. Pero que nadie se lleve a engaños con la cifra: el grueso irá a reconfigurar las terminales T1 y T2, no a levantar nuevas infraestructuras. Solo 191,9 millones se reservan para avanzar en el proyecto de ampliación, destinados a actuaciones preparatorias, pero no a ejecutar las obras.
En la práctica, las obras principales de la ampliación quedan aplazadas hasta el siguiente ciclo inversor, el DORA IV, previsto para el periodo 2032-2036. Eso no significa que el proyecto empiece entonces desde cero: durante el DORA III se desarrollarán actuaciones preparatorias antes de abordar las obras principales. El DORA III fija en junio de 2038 la finalización completa de esta inversión, aunque Aena prevé que la pista ampliada y la nueva terminal satélite puedan estar operativas antes de 2036.
Un aeropuerto que ya va al límite
El aeropuerto ya supera su capacidad teórica de 55 millones de pasajeros, aunque Aena todavía dispone de margen operativo en determinadas franjas horarias. El Prat cerró 2025 con más de 57,5 millones de pasajeros, y en 2026 sigue creciendo.
El obstáculo europeo y medioambiental
La clave está en La Ricarda, espacio protegido del Delta del Llobregat incluido en la red Natura 2000. La prolongación de la pista próxima al mar afecta a este entorno, por lo que el proyecto está sujeto a las exigencias de la normativa ambiental europea. La Comisión Europea mantiene abierto un procedimiento de infracción contra España relacionado con la protección del Delta del Llobregat y ha señalado que deben cumplirse las exigencias de la legislación ambiental europea antes de que el nuevo proyecto pueda recibir luz verde.
Las protestas y el rechazo municipal
La aprobación del DORA III coincidió con una nueva oleada de movilizaciones. Miles de personas se manifestaron en Barcelona contra la ampliación, en una marcha que salió del Passeig de Gràcia y terminó en la plaça de Sant Jaume, cinco años después de la última gran protesta contra el mismo proyecto.
Días después, el Ayuntamiento de El Prat sumó su voz de forma oficial. El Pleno municipal aprobó por mayoría una declaración institucional rechazando cualquier ampliación y reclamando que las inversiones se destinen a mejorar la red de Rodalies y otros servicios públicos. La alcaldesa Alba Bou Jordà fue directa:
«La propuesta de ampliación del aeropuerto tiene muchos altavoces, la mayoría muy poderosos, empresas que tienen mucho dinero que ganar, pero estos no deberían ser los argumentos para ser favorables.»
¿Y ahora qué?
Las posiciones sobre la ampliación siguen enfrentadas. La plataforma Zeroport, contraria al proyecto, considera que “acabará descarrilando” y sostiene que la ampliación supondría entre 10 y 15 millones de turistas más al año en Barcelona. Según estudios de la propia plataforma, las emisiones del aeropuerto aumentarían un 40 %. Sus portavoces también recuerdan que, aunque la inversión esté aprobada, “se puede revocar”.
En el otro lado, la Cámara de Comercio de Barcelona y el Colegio de Economistas de Cataluña han vuelto a defender esta semana la ampliación y han reclamado que se aceleren los trámites. El decano del Col·legi d’Economistes, Carlos Puig de Travy, ha pedido que se avance en las actuaciones preparatorias para poder culminar las obras en el siguiente ciclo regulatorio:
“Catalunya debe mirar al futuro y programar convenientemente con tiempo los proyectos infraestructurales que son imprescindibles”.
Foment del Treball también mantiene su apoyo al proyecto y estima que podría aportar 1,8 puntos al PIB catalán, unos 5.000 millones de euros anuales y alrededor de 45.000 empleos directos, cifras que proceden de sus propias estimaciones y de estudios anteriores.
El DORA III deja las obras principales de la ampliación para después de 2031. Aena prevé que la pista ampliada y la nueva terminal satélite puedan estar operativas antes de 2036, aunque el proyecto completo no terminaría hasta 2038.